El bosque de las razas, Bobin

En el bosque de las razas tú eras el árbol

brotado por milagro de la tierra.

Casi en el cielo cimbreaba tu copa, la más alta,

como un juego de niños.

El sendero de su sombra guiaba mis pasos.

Rodeaba tu naturaleza con mi vestido blanco;

te dejaba entrar poco a poco:

tus ramas, tus hojas, tus raíces,

tu sombra,

el cauce de tu sombra.

 

Pero un día sentí tu tronco hueco

en el abrazo;

y las señales clavadas en su madera

se deshicieron como el polvo,

volátiles como el polvo,

en silencio.
Un simple vestido de fiesta, Bobin

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