El lenguaje de las flores, Vanessa Diffenbaugh

“Si desconfío, mi flor es la lavanda.

Para defenderme, escojo el rododendro.

Con la rosa blanca, comparto mi soledad…

Tengo miedo, y cuando tengo miedo,

dejo que las flores sean mi voz.”

Victoria Jones es una joven californiana que carga a sus espaldas una dolorosa historia personal que le impide ser feliz. Ha pasado toda su vida entrando y saliendo de numerosos hogares de acogida y pisos tutelados, pero siempre sin éxito. Marcada emocionalmente por la ausencia de la figura materna, así como por la incomprensión de su asistenta social, Meredith, Victoria desvela un comportamiento misantrópico, rebelde y desconfiado, lo que agrava su situación de desapego y soledad ante los demás. El libro comienza cuando la joven cumple 18 años y debe emanciparse. Los servicios sociales no se hacen cargo de ella y deberá encontrar un trabajo para sobrevivir.

“No era la primera ocasión en que me dejaban fuera. La primera vez yo contaba cinco años; tenía el estómago hinchado y vacío en una casa con demasiados niños y demasiadas botellas de cerveza.”

Tras pasar varios días vagando y durmiendo a la intemperie, Victoria conoce a Renata, una empresaria que le ofrece trabajo en su floristería. Hacía diez años que Elizabeth, su última madre de acogida, le había enseñado el lenguaje de las flores, convirtiéndose en su mayor pasión y en el único vergel donde encontrar la felicidad.

“Las flores eran mi válvula de escape. Con flores en las manos, quizá pudiera sobrevivir a la caída. Y quizá, cuando pasaran los meses, todo resultaría más fácil.”

A través de Renata, Victoria vuelve a ver a Grant, un joven al que conoció cuando vivía con Elizabeth y al que le une un secreto familiar del pasado que atormenta a la propia Victoria. Grant trabaja en el mercado de flores y comparte con ella su pasión. Lo que inicia con el objetivo de crear  juntos un diccionario de flores, se convierte en un vínculo más íntimo y especial. Alcanzar el significado exacto les obliga a pasar largo tiempo juntos y el sentimiento de afecto comienza a surgir entre ellos.

“Permanecimos abrazados largo rato, como náufragos pero sin buscar la costa con la mirada, sin hablar, solo respirando.”

Pero esta relación, que debería caer en Victoria como el peso de un camino de salvación, se convierte en un amasijo de miedos que frena el fluir de su vida. Únicamente conseguirá liberarse de ese sentimiento cuando decida saldar cuentas con el pasado y descubrir el secreto que tanto le inquieta. Solo entonces logrará ser feliz.

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El lenguaje de las flores es un libro que desvela la importancia del amor maternal, el amor puro y espontáneo, y el vacío emocional que deja su ausencia. Plagado de tristeza, añoranza e indecisión, de esperanza, afecto y superación, la historia de Victoria consigue despertar el lado más sensible del lector.

“Si era cierto que el musgo no tenía raíces y el amor materno podía crecer espontáneamente, como de la nada, (…) tal vez los desapegados, los no deseados, los no amados, podían dar tanto amor como cualquiera.”

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